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sábado, 15 de noviembre de 2008

Habanos, puros y cigarros



Habano:
Denominación que se da a todos los puros elaborados en la Isla de Cuba.

La Denominación de Origen Habano puede ser otorgada a todos los tabacos (o puros) en los que el 100% del Tabaco que los compone haya sido cultivado en Cuba. Asimismo es requisito imprescindible que los tabacos hayan sido manufacturados en Cuba, tras múltiples y severos controles tanto a nivel del proceso agrícola de cultivo y secado, como la fase de elaboración en las fábricas, en todos los momentos de elaboración: selección de las hojas adecuadas, control de elaboración, control del tiro, del sabor legítimo de cada una de las marcas y finalmente de la calidad de su apariencia y presentación. El sello de Habanos es la garantía que certifica que esos tabacos (o puros) están amparados por la Denominación de Origen Protegida Habanos. O lo que es lo mismo es una garantía de calidad y origen que solo se otorga a los mejores tabacos (o puros) elaborados en Cuba bajo las más estrictas normas de calidad, con las mejores hojas seleccionadas de las regiones tabacaleras de la Isla.

Los puros:
Elaborado con las hojas enteras ‘torcidas’ de tabaco, cuya calidad depende no solo de la calidad del tabaco con que se elabore, sino también de la magia de las manos de las ‘torcedoras’ que los hicieron. Una vieja leyenda dice que la particularidad de los habanos viene de que las torcedoras mulatas, usan sus muslos como apoyo para trabajar mejor el tabaco, y de allí que consigan ese inimitable sabor que los conocedores aprecian.

Los cigarros:
El cigarro es el que se elabora a base de picadura de tabaco y no la hoja entera.

Puros argentinos:
Productores de puros y cigarros en nuestro país pueden competir con dignidad frente a todo lo que no sea habano. Eso sí, si bien la diferencia se nota, también se nota el precio, ya que uno nacional vale la décima parte que un buen cubano, y este último no tiene una calidad diez veces mejor. Por lo menos, cuando uno degusta un puro de Goya, Corrientes siente una gran satisfacción y aprecia el cuidado proceso de fermentación a que ha tenido la hoja.

sábado, 11 de octubre de 2008

Puros


Tips:

-Le sugerimos probar un puro; ¿qué marca probar? Su proveedor habitual le guiará; los clásicos son dos: corona y petit corona (ambas de cepo 42 y longitudes 142 y 129, respectivamente). Elija una de ellas y pruebe su sabor en diferentes marcas.
-El siguiente paso es el sabor (suave o fuerte): si usted fuma más de un Habano diario, éstos deben tener un sabor similar o ir incrementándolo a lo largo del día. Nunca fume un cigarro suave después de uno de sabor más fuerte, ya que no podrá apreciarlo.
-El sabor de un Habano se intensifica a medida que se fuma, con frecuencia su fortaleza no se percibe hasta que se encuentra por la mitad, por eso debe seleccionar el largo de su cigarro según el tiempo que tenga para fumar.
-Los cigarros puros de calibre grueso arden más lentamente y tienden a tener un sabor más suave que los finos.
-El color de las capas puede variar de una caja de Habanos a otra, de maduro a claro; los que creen que los cigarros de capas oscuras poseen un sabor más fuerte, no tienen razón: es la liga de las hojas que integran la tripa, la que dicta el sabor; si acaso, las capas oscuras son más dulces al paladar si se comparan con las claras.
-La forma de los cigarros puros es, básicamente, de dos tipos: los parejos (rectos) y los figurados (irregulares).
-Esté atento a los caracteres de la capa: un gusano elimina a cualquier candidato.
-El color debería ser homogéneo, sin manchas, pero las solares serían válidas.
-A pesar de que el puro no debe tener excesivos filamentos, los de las hojas son parte característica e indicadores de su origen: por ejemplo, la capa Camerún produce una sensación rugosa al tacto y tiene más filamentos que la capa Connecticut, cuya textura es más lisa.
-Una capa cuyo brillo es aceitoso indica que ha sido bien curada y humedecida; bajo una humedad del 70%, el tabaco segrega el aceite y adquiere una textura sedosa. Un puro seco, quebradizo o con fisuras en la capa es del todo inaceptable.
-La textura de un puro es también importante: debe sujetarlo con delicadeza (por el pie, para no dañar la perilla) y compruebe que no tiene ninguna parte dura o blanda (que evidenciaría la pobre elaboración de la tripa, lo que afectaría al tiro).
-El peso puede revelar si el torcido es apretado o suelto y si el tiro resultará más o menos fácil.
-¿Qué cantidad comprar? La respuesta depende de su bolsillo, pero lo normal es que desee comprar más de un cigarro; en ese caso, la petaca (un paquete de cinco unidades) es una buena oportunidad para adquirir varios puros a mejor precio. Las cajas de 20 ó 25 unidades: examine la caja atentamente para asegurarse de que todos los puros son del mismo color, una muestra de la precisión del fabricante. En algunos casos, el nombre del puro indica el estuche en que éste está guardado: por ejemplo, un 8-9-8 toma el nombre del método de distribución de los puros en tres filas (8 en la parte inferior, 9 en el centro y 8 en la superior); el término Amatista se refiere al recipiente de cristal con 50 unidades. También existen los tubos individuales, empaquetados en tubos herméticos de aluminio, cristal o madera. Nuestro consejo es que en su primera compra adquiera una selección de coronas o petit coronas de varias marcas, a fin de ir conociendo la variedad existente, pudiendo más tarde comprar ya una petaca o una caja de la que más le haya satisfecho.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Ideas para conservar puros

Quizás uno de los mitos más difundidos sea, precisamente, el de guardar los cigarros en la heladera, práctica frecuente y poco recomendable. Los puros, y todo el tabaco, son higroscópicos, es decir, absorben humedad. Precisamente por eso la necesitan para su conservación y la heladera es un espacio en el que, además, se almacenan todo tipo de alimentos que pueden transferir aromas desagradables a los cigarros.

El mejor sistema de almacenaje pasa necesariamente por la utilización de un humidor, una caja de madera capaz de mantener determinados parámetros de temperatura y humedad. Lo ideal es mantener los cigarros con un 65% o 75% de humedad y una temperatura de entre 16 y 18 grados. Para ello, cuenta con un depósito que contiene agua -que debe vigilarse para que mantenga las proporciones adecuadas- y un termómetro que regula la temperatura idónea.

Cuba es un humidor perfecto por el grado de humedad de la isla y por el tratamiento que se le da al tabaco en las plantaciones. Los estrictos controles de calidad garantizan que los habanos están en perfectas condiciones, libres de lasioderma serricone. Y es que este insecto, también conocido como gorgojo, destruye el tabaco, perforando la capa, haciendo galerías en su interior e imposibilitando que se fume. Éste y otros problemas -como el exceso de humedad, que provoca moho- se evitan guardando los cigarros en humidores.

La madera de cedro español es la más adecuada para los humidificadores, envases concebidos como auténticos objetos de lujo -y precios en consonancia-. Los hay sencillos, de viaje, de poca capacidad, pero perfectos para transportarlos, ya sea en la maleta o, los más pequeños, en el bolsillo interior de la chaqueta. También hay obras de arte de la ebanistería, armarios con diferentes capacidades, ya sea para un domicilio o un restaurante.

Es preferible conservar los habanos en un humidor aparte y el resto de cigarros en otro, para que no se mezclen aromas o evitar el contagio en caso de existir problemas. Esta situación ideal no es siempre posible, por lo que en humidificadores grandes lo mejor es guardar los cigarros dentro de sus propias cajas.

Conservación Para tener en cuenta:


El interior del humidor debe ser de madera de cedro, que aporta aromas muy agradables al cigarro puro. Las latas tipo Quintero Brevas no lo consiguen, aunque sirven de conservadores provisionales.
Se debe controlar el higrómetro y el termómetro. Los mejores son los digitales.
Hay que vigilar el agua del humidor, sobre todo en verano.
Los humidores no deben estar expuestos a corrientes de aire, aire acondicionado o luz solar.
Con la conservación los cigarros se vuelven más sabrosos, refinados y homogéneos. El momento idóneo para fumarlos está en torno a los siete años. En un humidor se conservan perfectamente hasta 18 y 20 años.