viernes 17 de julio de 2009

El hotel más raro del mundo está en Berlín


Probablemente ningún hotel del mundo sea tan delirante como «The Propeler Island», que no es un sitio donde dormir, sino una galería de arte con 31 habitaciones llenas de sorpresas y caracterizadas de las formas más locas, con camas volantes, mesas de quirófano y duchas dentro del armario, entre otras extravagancias.
Llega el momento de elegir una habitación, y aquí todo depende del estado de ánimo actual o de las experiencias por las que se quiera pasar. A cambio de un precio que oscila entre 70 y 115 euros es posible vivir un experimento insólito. Por ejemplo, si se echa en falta la luz del sol, nada como alojarse en la número 1, donde se puede recibir un dulce baño de calor gracias al color naranja que lo inunda todo.
Si se busca la máxima concentración la habitación adecuada es la 28, que está completamente forrada con un acolchado de color verde a través del cual no traspasa ni el más leve ruido. Lars Stroschen asegura que aquí se pueden escuchar los latidos del propio corazón.
Para quien sufra un trauma con sólo pensar en un hospital está diseñada la habitación número 18 («Therapie»): un perfecto quirófano. También da que pensar la 26, que es una celda con su correspondiente catre pero con un boquete en la pared. Todo un canto a la libertad con la peculiaridad de que cuenta con un fantástico balcón.
Para perder definitivamente el miedo a las alturas también existe un remedio: la cama de la habitación 12 está suspendida a 1,6 metros de altura. El sueño perfecto lo proporciona la número 11, donde un juego de efectos visuales hace flotar la cama en el aire.
¿Disconforme con la realidad? Entonces hay que ponerlo todo patas arriba, y para ello lo mejor es elegir la habitación 23, en la que todos los muebles penden del techo.
Los niños también tienen su rincón. Para que no se aburran lo mejor es reservar la habitación número 3: la cama está en lo alto de un castillo y las paredes ambientan la estancia como un cuento. Al lado está el cuarto más pequeño del hotel, con sólo 1,4 metros de altura. Tampoco falta la habitación de la abuela («Grandma's»), con la clásica cama antigua y retratos en la pared, pero con un punto de excentricidad, ya que la ducha está dentro del armario.
En la 25, la cama es redonda y gira gracias a un sistema de pedales. También es redonda la cama de la habitación número 22, una de las más solicitadas. Pero para dar rienda suelta a los romances más apasionados la mejor habitación es la 15 («Spiegelzimmer»), que tiene la forma de un diamante gracias a decenas de espejos que multiplican el amor por doquier.